La separación del cargo de Rubén Rocha Moya puede explicarse desde la perspectiva del exceso y mal manejo del poder, cuya cúpula responsable, perdió el sentido común. Demasiado poder en manos de «asesores» de poca o nula experiencia, llevaron a un hombre de gran trayectoria, en la política práctica y en la ciencia, al despeñadero.
Al exgobernador poco le valió tener una rica experiencia en el ejercicio público, pues un grave error lo dejo fuera del gobierno: compartir el poder. O tratar de conservarlo, con una medida muy peligrosa: aniquilar a sus adversarios sin piedad y sin cuidar las formas.
En todos los frentes o en conflictos ocurridos en su primer trienio, estuvo la operación del entonces secretario de gobierno. Él aplicó todo el aparato del Estado en contra del ex alcalde Jesús Estrada Ferreiro; luego contra Luis Guillermo Benítez, ex alcalde de Mazatlán. Siguieron contra la Universidad Autónoma de Sinaloa, en una lucha campal contra las autoridades y el extinto líder detrás de la rectoría, Héctor Melesio Cuen. Después contra el ex alcalde de Ahome, Gerardo Vargas. Pero el operador de esos frentes, mismos que fueron disminuyendo la calidad del gobierno, era la misma persona, quién se convirtió en el elegido consentido para perpetuar el poder. Enrique Inzunza fue con quién Rubén Rocha Moya compartió el poder.
El primer gobierno emanado de la izquierda, en Sinaloa, en la era de Andrés Manuel López Obrador, inició robusto de poder como nunca antes visto: tuvo y tiene de su lado al poder legislativo, judicial, y ejecutivo todos coinciden en un mismo símbolo, el morenismo. De ahí se conformó una cupula de poder u oligarquía que rápido se cerró; pero también rápido manchó su imágen. Los señalamientos de colusión con criminales, corrupción y abuso del poder, fue un sello que creció de manera acelerada. El desgaste político generado por el conflicto con la universidad y todos los que ya señalamos, generaron un descrédito al gobierno de la 4T, y éste aumentó con la violencia, como nunca en Sinaloa, aunado a los señalamientos, fundados o infundados, del departamento de justicia de Estados Unidos contra los funcionarios. En este contexto la oligarquía, con Rocha formalmente a la cabeza, sucumbió.
Robert Michels, sociólogo francés, en «La Ley de Hierro de la Oligarquía» nos dejó claro que «los gobiernos terminan concentrando el poder en una pequeña élite». Y Rubén Rocha, luego de compartir el poder, permitió un círculo tan firme como cerrado, donde no cupieron los morenistas que habían luchado con él en la izquierda. Empezaron a surgir miembros de gabinete ligados al PRI o gente sin experiencia en el gobierno. Se privilegió el nepotismo y la sumisión al «círculo rojo».
Nicolas Maquiavelo también nos dejó enseñanzas para comprender este tipo de fenómenos políticos cuando se refiere a «la corrupción en el cuerpo político» y a la » tiranía de las elites económicas» habla de los elementos de deterioro inminente de una estructura de gobierno. Lo que sucedió en Sinaloa con Rubén Rocha Moya es un tanto paradójico, pues el ex-mandatario es un hombre de ciencia, él conoce las diversas teorías científicas sociales y políticas, que pudieron haber advertido al oriundo de Batequitas Badiraguato, que el poder no se comparte, se ejerce. Pues, tanto los resultados o logros en el ejercicio de gobierno, pertenecen a líder, a nadie nadie más. Y los riesgos, que acechan a todo gobierno, deben ser tarea de sus colaboradores. Acá fue a la inversa: los colaboradores arriesgaron al gobierno, y el líder pagó por ello.
Si el gobernador, de acuerdo a Robert Michels, hubiera liderado a la oligarquía, con sentido común, seguro habría desarrollado un gobierno abierto, con inclusión de sectores. Un gobierno más democrático y plural. Pero al estilo de Maquiavelo optaron por buscar objetivos, en aras de acumular más poder, bajo el método donde no importaban los medios para llegar a los fines.
Los resultados hoy son un desastre para un hombre que vivió de la ciencia, del análisis, y del amplio conocimiento de la política como ciencia. La lección que queda es que en el ejercicio del gobierno no se comparte el poder, y las oligarquías naturales, desde la perspectiva de Robert Michels, deben ser las más discretas y piadosas. Pretender mantener o acumular mas poder sin medir los métodos, bajo la responsabilidad de personas inexpertas, llevan a un episodio como que protagonizo Rubén Rocha Moya.

