El pasado proceso electoral para elegir rector ocurrió como mero requisito. Todos sabíamos quien iba a ganar. Fue una crónica de un final anunciado, parafraseando la célebre obra de extraordinario escritor Gabriel García Márquez.
Todos sabíamos que Madueña ganaría, al participar bajo las reglas de una reformada ley universitaria que le permitió, legalmente, reelegirse.
Esta elección se da en el contexto de una intensa confrontación entre la cúpula universitaria, el Congreso y los juzgadores o procuradores de justicia de Sinaloa. Por más de un año los sinaloenses y la comunidad universitaria padecimos un pleito político, entre señalamientos de corrupción y de persecución política.
Los diputados habían construido una ley para la UAS sin consultar al consejo ni a los estudiantes, lo que provocó el rechazo de quienes mantienen el control político universitario, y del extinto Héctor Melesio Cuen, entonces líder absoluto del Partido Sinaloense (PAS). El desarrollo de esta historia usted y yo la conocemos.
Desde el Estado, el Congreso intentó encarcelar a varios funcionarios, con acusaciones de corrupción, todos ligados al cuenismo o pasismo. Pero con el fallecimiento del líder absoluto, Cuen, trajo una negociación donde terminó el proceso contra los demandados, y la aceptación de la ley por parte de la UAS. Todo termino en un acuerdo del que no conocemos sus detalles.
Madueña se hizo candidato con una ligera competencia donde le permitieron que obtuviera el resultado: mas de 100 mil votos de diferencia.
Las especulaciones eran en el sentido de que la elección de rector sería un choque de fuerzas, las de quienes controlan a la universidad frente al Estado. Pero luego nos dimos cuenta que no, el Estado no metió las manos, cosa aplaudible, y la candidata Denis Quiñones transitó sola.
Si antes se criticaba que los rectores eran impuestos, ahora Madueña logró resurgir de los votos, lo que le da legitimidad. Ahí ganó la UAS y el equipo político del rector, junto con el pasismo que a un lo sigue.
El proceso de elección permitió una clara cargada del aparato universitario con una campaña desigual, porque las reglas de la nueva ley así lo indican. Aquí ganó el equipo de Madueña y perdieron quienes cocinaron la ley.
Con la aceptación de la nueva ley terminó el conflicto. Con esta medida ganó las UAS y los Sinaloenses.
En medio de toda esta crónica con final anunciado, queda la duda si en verdad hubo corrupción o solo fue una persecusión, como se decia. Tampoco hay alguna reforma que nos indique y garantice la transparencia de los recursos en la UAS. O en verdad, todo está bien.
Por lo pronto con el pasado proceso electoral ganó Jesús Madueña y su equipo político; y ganó la UAS por el regreso de la estabilidad.