Nos Queda Cuidarnos, Huir del Peligro y Esperar a que Algún Grupo Domine al Otro

🖋️ La relativa calma que vivíamos los mazatlecos, luego de la ola de violencia que aumentó en Sinaloa hace dos años, terminó en Mazatlán. En septiembre de 2024 la declaración del alto mando militar generó asombro, por decir lo menos, en el sentido de la indignación. » (El cese de la violencia) No depende de nosotros, si no de los grupos criminales» acabar con la violencia «depende de ellos, ellos son los que vienen a hacer las agresiones». Así lo afirmó el alto mando federal en una conferencia de prensa en Culiacán.

Lo que no explicaron, en ese entonces, es que el enfrentamiento entre facciones criminales implicaba una terrible estela de sangre, sufrimiento y abandono a la población. A la gente más vulnerable, por ejemplo los que nada deben y los que habitan en la zona rural y suburbanas de las ciudades.

El resultado de ese cruento enfrentamiento, según cifras oficiales, rebasa los 3 mil muertos. A esta cifra habrá que sumarle los desaparecidos. También la migración o abandono de pueblos de miles de familias que tuvieron que huir del acoso y del fuego cruzado.

En Culiacán, la otrora ciudad fuerte y pujante, hoy es como una triste viñeta donde se aprecia la desolacion: comercios cerrados y calles solitarias. En los hogares el miedo y el dolor por la pérdida de seres queridos, o por no tener trabajo. Son la triste realidad. Estos son los resultados de esa guerra que inició entre grupos una vez que secuestraron a Ismael Zambada. Solo las autoridades federales han actuado, con sus limitaciones que implican el no conocer la zona donde se desarrolla dicho enfrentamiento. Las policías locales, poco o nada han hecho: el temor, la complicidad, y la debilidad militar las mantiene al márgen. Así están todos los municipios del Estado, donde además la gente implora «que lleguen los soldados o la guardia nacional».

Sabíamos de los terribles episodios de muerte y guerra, de lo que ocurría en la zona serrana; sabíamos la gravedad de lo que ocurría en Culiacán. Hoy lamentablemente lo estamos padeciendo los mazatlecos. Y los medios, algunos, no publicamos hechos de violencia, por temor propio, por cuidar la imagen de un puerto que vive de la buena percepción mediática, pero los hechos obligan a reportar, pues desde hace 15 días el puerto vive en medio del temor que causa saber, que muy cerca de donde uno vive, los criminales están quitan los vehículos o la vida, a quien sea.

Después de dos años, de relativa calma, los mazatlecos estamos siendo parte de esa «espiral» de sucesos de sangre que veíamos en Escuinapa o en la sierra de Rosario o Concordia. En todo ese tiempo también hemos visto la detención, —como nunca— de personas claves en el comando de grupos que han mantenidos el dominio criminal en el Estado. Pero también las bajas son miles y dolorosas. Se ha ido mucha gente inocente, ciudadanos con alguna compañia desconocida o por estar en un sitio donde ocurrió tal enfrentamiento con armas de fuego.

Hoy, que la violencia está en nuestra ciudad, no queda más que extremar cuidados personales. Recordar que hace dos años las altas autoridades habían reconocido su incapacidad para dar seguridad a los sinaloenses, porque había iniciado una guerra entre grupos, y solo hasta que ellos quisieran, ésta terminará.

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